Una breve reflexión sobre la explotación sexual

En unas charlas sobre la abolición de la prostitución se habló sobre la evolución que había tenido esta durante los meses de confinamiento por la pandemia de la  COVID-19 y entre los relatos de abandono que habían sufrido estas mujeres a manos de los proxenetas escuché como muchas de estas habían pasado a plataformas como Only Fans , reproduciendo así el concepto de la prostitución 2.0,  que consiste no sólo en realizar fotografías sugerentes o explícitas  si no también en grabar y publicar vídeos a demanda de los suscriptores de la cuenta, de tal forma que si a uno le apetece que una mujer realice cualquier acto sólo tiene que ofrecer una  determinada cantidad de dinero  

La primera vez que supe de la existencia de la plataforma Only Fans fue a través de las stories que publicó una señora  en su perfil de Instagram. Dicha storie consistía en una foto sugerente en el que invitaba a deslizar la página para acceder a ese contenido de una manera más explícita.  En aquel entonces no me causó una buena impresión, una sensación que se incrementaría tiempo después al ver como en un programa de televisión conocido una señora reconocía ante las cámaras como había abierto una cuenta en la misma plataforma para sufragar sus gastos, ya que en aquel entonces sus proyectos como actriz fueron cancelados por la pandemia, cabe decir que en la misma entrevista declaró que tenía el control total a la hora de decidir sobre lo que iba a publicar.

Existe un discurso, que ocupa no sólo los medios de comunicación y audiovisuales, véase la conocida Pretty Woman o la serie española 90 – 60  – 90, si no tambiénen las plataformas utilizadas por las más jóvenes como YouTube o en las redes sociales como Twitter o la antes mencionada Instagram. En este discurso tanto la prostitución como la performance llevada a cabo en las películas porno u otras plataformas es definida “como un trabajo como otro cualquiera” escogido por voluntad propia y con la capacidad de dejarlo cuando ya una no le apetezca sin que exista una consecuencia negativa por parte de ninguno de los actores que forman parte de ello como la clientela que recurre a ello.  Y si no se profundiza mucho en este discurso, a simple vista es imposible rebatirlo porque al utilizar palabras como voluntad propia o libre albedrío todo aquel que no esté de acuerdo o no lo vea una buena idea lo catalogarán como un moralista que está en contra de la libertad de expresión ¿Cómo puedes atreverte a estar en contra de que la gente escoja libremente su destino?

Hace poco la BBC publicó un documental titulado ‘nudes4sale’ en el que se expuso la situación en la que vivían algunas de las mujeres que publicaban contenido explícito en Only Fans. De todos los casos destacó una chica que habiendo empezado a los 15 años en otras plataformas, fue expulsada de su casa al filtrarse una de sus fotos, lo que incrementó su situación de precariedad, y  que por tanto continuase realizando la misma práctica que había desencadenado todo para subsistir, un caso muy parecido al que comentaba líneas atrás de la famosa. Pero tampoco hay que marcharse muy lejos, si nos detenemos a mirar los vídeos de YouTube es muy posible que nos encontremos con algún testimonio que reconozca  que empezó en este mundo motivada por razones económicas. Testimonios como estos me llevan a cuestionar si realmente existe el libre albedrío a la  hora de entrar en la industria del sexo cuando no tienes garantizadas todas las condiciones materiales para desarrollar tu proyecto de vida.

 En un contexto como el nuestro, que bebe de una religión cuyas escrituras condenaban a las mujeres que hubieran cometido actos impuros, es difícil creer  que la mayoría de mujeres que se encuentran englobadas en esta industria sientan una vocación que implique ser marginadas por parte de la sociedad, un error que cometemos y precariza aún más su situación. Por poner un ejemplo,  si  quieren “poner en su sitio” a una ex actriz porno, solo les basta con publicar algunas capturas de imagen de “los trabajos que ha realizado” en Twitter. Esto demuestra que no es tan fácil dejar este mundo cuando uno quiera, o al menos que no es tan fácil dejarlo y borrar la huella si eres mujer. De hecho ¿Cuántas mujeres inmersas en la industria del sexo han conseguido triunfar en otras áreas que no tengan una relación directa con la sexualidad en comparación a los hombres que también han estado inmersos en esta industria?

Cabe aclarar que  no pretendo invalidar aquellas mujeres que quieran dedicarse a ello por voluntad propia, sólo quiero recalcar que me resulta poco creíble que la mayoría de mujeres que se encuentran en la industria sexual hayan realizado un trabajo de introspección tan complejo que implique despojarse de todos los  prejuicios inculcados por la sociedad para dedicarte  a una actividad que conlleve la satisfacción plena de los otros y el riesgo de que peligre tu integridad física y acabes siendo reducida a un objeto de placer , pero resulta aún más inverosímil que dicho  proceso de introspección y deconstrucción se vaya actualizando a lo largo del tiempo pese a estar expuestas a episodios violencia ejercidos por los hombres que recurren a estos servicios y también por el resto de la sociedad, que no sólo hace oídos sordos si no también las responsabiliza de su situación.

Por ello creo que es importante no sólo poner el foco en nosotras a la hora de realizar políticas preventivas si no también en  incluir a los hombres para que nos dejen de cosificar. También hay que hacer hincapié en lo poco que sirve quedarse en las típicas charlas sobre  cómo utilizar un preservativo o repetir como un mantra que la prostitución está mal y tener una cuenta de Instagram abierta al público resulta peligroso  si después ejercemos como meros espectadores ante la publicación de vídeos de YouTube explicando las ganancias que tienen al mes por postear un vídeo haciendo deporte sin ropa.  Ni tampoco podemos hacernos a un lado ante la incitación indirecta por parte de actores, actrices, cantantes, modelos e influencers  a publicar fotografías desnudas o en ropa interior  obviando las repercusiones que puede haber a corto plazo. Nosotras como adultas sabemos que esto puede formar parte de una estrategia de marketing, pero en una adolescente que los idealiza como si fueran dioses, lo puede llegar a considerar como una actiud deseable. Nuestro deber es denunciar todas aquellas actitudes que contribuyan a perpetuar la explotación sexual de las mujeres, aunque se encuentren disfrazadas bajo las palabras de empoderamiento y liberación sexual.

Noèlia Guzmán Funcasta

@ng_funcasta

Graduada en sociologia i especialitzada en gènere

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