Se alquila piso: inmigrantes no!

Quiero dedicar estas líneas a denunciar el racismo que, lamentablemente, sigue existiendo en nuestro país, y sí, digo nuestro país porque a pesar de que mis padres hayan nacido en Marruecos, España es mi país, aquí he nacido, he crecido y quiero cumplir todos los objetivos que tengo propuestos como ciudadana española.

Hace unos días, una amiga muy indignada por la situación me escribió un mensaje: “me siento impotente, la agencia inmobiliaria me ha dicho que no puedo alquilar el piso del que te hablé porque mi nombre es árabe. Les da igual que haya nacido aquí, que mi pareja y yo tengamos un sueldo fijo y nacionalidad española”.

Desgraciadamente, esto no es un hecho puntual o un ejemplo meramente anecdótico, sino que, ya desde edades muy tempranas se empieza a manifestar un cierto rechazo hacia el diferente, sea por la raza, el género o el aspecto físico. Los niños entre los tres y cuatro años empiezan ya a ser conscientes de que el color de la piel es un hecho relevante para la sociedad, y entre los siete y ocho años comienzan a etiquetar negativamente a la minoría.

Erradicar el racismo es un desafío de todos y también se tiene que trabajar desde la prevención, por lo cual la educación juega un papel fundamental en este sentido. Es preciso que las escuelas trabajen por y para la igualdad de oportunidades desde el respeto a la diferencia, abordando el racismo que opera muchas veces de manera soterrada en nuestra sociedad.

Tengo que decir que, al parecer, debo sentirme una mujer “afortunada”, pues a lo largo de mi trayectoria vital no me he encontrado con un número elevado de conductas xenófobas hacia mi persona. Aun siendo cierto, cabe decir que se me ha etiquetado muchas veces como “inmigrante de segunda generación”, y yo me pregunto, ¿realmente soy inmigrante? ¿Vengo de otro país? ¿A pesar de haber nacido en España se me ha de etiquetar como inmigrante?

Cuando decimos que alguien es inmigrante, nuestra mirada se basa más en aquello que nos diferencia (lengua, cultura, religión), que en aquello que nos une (nuestra humanidad) en un intento pueril, a mi entender, de afirmación de uno mismo frente a la realidad global y cambiante de nuestro presente.

En la actualidad, observamos que en buena parte de la sociedad española opera un ideal de españolidad fomentado en su momento por el franquismo y los postulados de derechas. Éstos se basan en la búsqueda de una irreal diferenciación hacia el resto de personas que, bajo el pretexto del nacionalismo, intenta excluir derechos a parte de sus ciudadanos y ciudadanas.

Afirmo, con toda seguridad y por mi propia experiencia que, aquellos que somos calificados como “inmigrantes de segunda generación” tenemos la suerte de percibir con claridad las dos culturas y la capacidad de seleccionar lo mejor de cada una de ellas. Esto nos permite afrontar las diferentes realidades desde diferentes perspectivas, conformando nuestra propia personalidad con lo mejor de cada una de ellas.

Sorprendentemente, pocas personas se autodefinen como racistas abiertamente, pero no porque no lo sean, sino por el miedo a manifestarlo públicamente. No dicen que lo son pero sí que su comportamiento es claramente racista. El ejemplo de mi amiga es sangrante.

Apelo a las administraciones públicas a diseñar más políticas de lucha contra el racismo en el ámbito educativo y desde la más pequeña infancia con un objetivo claro de erradicar esta problemática. Pero, a la vez, reclamo sanciones claras y ejemplarizantes a los que discriminan sólo por un nombre o un color de piel distinto. El combate contra el racismo no debe limitarse sólo a la prevención, sino que, debemos ser proactivos como sociedad en una democracia como la nuestra.

Sara Belbeida
Criminóloga
@SaraBelbeida

Cada Àtom és una petita reflexió política de Club Còrtum

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