Sampat Pal Devi y las Gulabi Gang (el ejército de los saris rosas)

“Hay algo peor que ser pobre en la India, es nacer mujer”

Desde la mirada cómoda de Europa se mira los feminismos, en ocasiones, como algo igualitario, y las diferencias con otras naciones en ocasiones nos parecen más anécdotas del pasado, en este caso de la India del pasado del Imperio Británico, más que de la actualidad, y cuando vamos a estos países miramos aquello que hemos adaptado y nos parece interesante y mágico, aquellos edificios que replicados mil veces son palacios ruinosos de sueños de gloria.  Pero la realidad actual, de este preciso momento es otra.  Ya lo afirmó Sampat Pal Devi en una entrevista:“hay algo peor que ser pobre en la India, es nacer mujer”, y añadió, “primero debe obedecer al padre, luego al marido, y más tarde, al hijo”.

Esta es la breve historia de Sampat Pal Devi, que se sublevó a este orden de cosas, a la presión y violencia de todo tipo que sufren las mujeres, a la indefensión ante las leyes y la sociedad; y del grupo que organizó y que mostró que las mujeres de la India ya no quieren ser mi ignoradas, ni violentadas, ni sometidas, las Gulabi Gang, el ejército de los saris rosas.

Sampat Pal nació en 1960 en Uttar Pradesh, al Norte de la India, de casta baja, hija de pastores analfabetos que pertenecen al clan de los Gadaria (los Gadaria también se conocen como Baghela o Pal, son una comunidad de pastores. La palabra Gadaria se deriva de la palabra hindi gadar que significa oveja y denota “aquel que guarda o cuida ovejas”. Los etnólogos, Russel y Hiralal (1916), los describen como “una casta pastor ocupacional del norte de la India”), su futuro ya estaba escrito desde el momento de su nacimiento. Su futuro ya escrito era convertir en esposa joven, muy joven.  

Dado que mostraba mucho interés en aprender fue su tío Kakka quien consiguió convencer a sus padres para que fuera a la escuela, y pudo ir durante dos años. 

Todo esto no impidió que a los 11 años recién cumplidos la casen con un vendedor de helados trece años mayor que ella, por tanto, perdió su virginidad siendo una niña aún, ella misma describe en el recuerdo ese momento: “Aquella terrible experiencia me hizo desarrollar una especial empatía hacia el dolor y el sufrimiento de las mujeres”. Se convirtió entonces en esclava de sus suegros y en el juguete sexual de su marido. Quedó embarazada a los 14 y parió a sus cinco hijos antes de cumplir los 20.

La India es dura para las mujeres: el sistema de castas, la estructura patriarcal, las costumbres, e incluso los crímenes de honor.  Ser mujer en la India, pobre, de casta baja y de zona rural, es muy complejo, no tienen casi valor.

Los 676 millones de mujeres (datos 2020) de la India viven sabiendo que su sexo es un problema, ya que piensan que los hombres no pueden reprimir sus instintos sexuales. En 2018, se registraron 33.356 denuncias de violación en toda la India, más de 90 diarios, según los últimos datos de la Agencia Nacional de Registro de Delitos de la India (NCRB).  Aunque a partir del llamado caso “Nirbhaya” (sin miedo en hindi), con la brutal violación (diciembre de 2012) de una estudiante en un autobús por seis hombres, arrojada del mismo y que falleció posteriormente, las cosas han comenzado a cambiar poco a poco.  La sentencia, años después, condena a la horca a cuatro de los autores, y parece que las denuncias han aumentado y la legislación deja de ser tan permisiva con los hombres.

En este contexto Sampat se convierte en una activista social, ayudando en las diferencias entre los vecinos, ayudando con talleres de costura, buscando salidas para las mujeres en sus conflictos domésticos, mediando en los conflictos entre vecinos y familiares.  Así comenzó a gestarse la idea de ir más allá.

Algo sucedió en el 2002 que supuso una inflexión: vio como un hombre le daba una paliza a su mujer en la calle, y decidió intervenir. Dio y recibió golpes, pero ya todo había cambiado, al día siguiente convenció a cinco mujeres del pueblo para darle una lección a aquel hombre.  Se armaron con cañas de bambú, y le aplicaron la ley, la ley el Talión.  Desde ese momento algunos hombres del pueblo retrocedieron, recibían lo que daban, y comenzaron a ayudar a otras mujeres. De esta manera comenzó a surgir este movimiento feminista. El paso siguiente fue tener un elemento distintivo, algo que las definiera y diferenciara como grupo, algo femenino y hecho por y para las mujeres: un sari rosa.

Así nace Gulabi Gang, o la banda rosa, o las mujeres del sari rosa, y han logrado hacerse un hueco, un hueco que les permite mirar al agresor a los ojos; y tienen unos elementos básicos la unión, la razón y el manejo del lathi, palo de bambú que lleva la policía india.

Surge, por tanto, en marzo de 2006, el ejército de los saris rosas. Al principio eran poco más de 25 mujeres entre los 40 y los 60 años, muchas de ellas viudas, una situación que si puede las condena y rebaja más en la escala social.

¿Cuántas son en total?  Como muchas cosas relacionadas con las estadísticas en la India no está claro, hay quien habla de más de 270.000 mujeres, hay quien eleva la cifra a 400.000, lo que si es cierto es que la iniciativa a traspasado su territorio original.

Su fundadora Sampat Pal nos explica su misión, porque como tal la toman: “el color rosa que vestimos significa revolución. Luchamos contra la dominación masculina imperante, contra los padres que no permiten a sus hijas recibir educación y apañan sus matrimonios siendo niñas. Ayudamos a mujeres maltratadas, pero también a pobres y parias humillados por los brahmanes de casta superior. También nos enfrentamos a los pradhans, los jefes de gobierno de los pueblos. Muchos son corruptos, no se preocupan de dar trabajo a los necesitados, ni llevan a cabo un reparto justo de la propiedad de las tierras”.

En 2008, creó una escuela, la Gulabi Gang Bal Vidyalaya, en Banda. De los 600 alumnos, unas 400 son niñas. “Los aldeanos que solían enviar precozmente a sus hijas al campo, ahora se han dado cuenta de que la educación es importante y ya las están llevando a la escuela”.

Su nombre y su historia, la de la fundadora y el grupo, traspasó las fronteras, salió su autobiografía escrita con la periodista francesa Anne Berthord, se hizo un documental, y surgieron los problemas, en 2014 fue relevada al frente del grupo, que sigue, ya que la acusaron de interponer sus intereses personales por delante del grupo.

Pero a pesar de todo ello ella sigue luchando por las mujeres de la India, y su iniciativa sigue viva.

Las mujeres de los saris rosas, grupo en el que también se están integrando hombres, intentan devolverles a las mujeres su dignidad y su vida, para no tener que obedecer siempre a un varón (padre, marido o hijo), y demostrar que las mujeres de la India SI tienen valor, y no viene marcado por su sexo o por su casta o por su dote. 

https://web.archive.org/web/20180713213518/http://gulabigang.in/

http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=8909

Marisa Escuer

Profesora de la UOC y Docente de Secundaria
@marisaescuer 

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2 respostes a «Sampat Pal Devi y las Gulabi Gang (el ejército de los saris rosas)»

  1. Me ha conmovido mucho la historia, y me ha emocionado. No hay otra que defenderse con uñas y dientes ante la dominación ya sea machista o política. La rebelión es la salida. Muy bien Marisa, me ha encantado. Felicidades. Un beso
    Silvia Castaño

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