“Nosotras ya estábamos muertas, no contábamos para nada”

COMANDANTA RAMONA

“Ramona ríe cuando no sabe que se está muriendo. Cuando lo sabe, sigue riendo. Antes no existía para nadie, ahora existe, es mujer, es indígena y es rebelde. Ahora vive Ramona, una mujer de esa raza que tiene que morirse para vivir” expresó un comunicado de Enlace Zapatista. Esta era la Comandanta Ramona.

Tal vez la suma de determinados adjetivos convierte a una persona en un sujeto prácticamente inexistente: indígena, campesina, pobre, analfabeta, y, especialmente, mujer.  Todo eso era la Comandanta Ramona, contra la discriminación de todo ello luchó, y, entre ellos en especial el hecho de ser mujer e indígena.

Ella, conjuntamente con la Mayor Insurgente Ana María y con la Comandanta Ester, y otras dirigentes (siete en total), intentaron y lograron que el binomio mujer e indígena no fuera un binomio fatal de desesperación y marginación.

Pero veamos quién es la Comandanta Ramona (¡959-2006), era miembro de la comunidad tzotzil (los tzotzil son un pueblo vinculado a los mayas y que se localiza en el centro y centro norte del estado de Chiapas, en México); ¿cuál era su nombre?, no sabemos realmente, sólo que era conocida por el alias de Comandant Ramona.  Era una mujer menuda, no más de 1,40, que se dedicaba a la venta de artesanía y a bordar, como muchas mujeres de su pueblo; era analfabeta, hasta que estableció contacto con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EJZN), en el que destacó por su lucha en favor de la mujer indígena.

El EJZN había nacido en 1969, y sus objetivos eran: la defensa de los derechos individuales y colectivos de los pueblos indígenas de México; la construcción de una nueva nación con una base democrática, de libertad y de justicia; y una oposición frontal al creciente poder del neoliberalismo.

Tras unas duras represiones el EJZN quedó, si no del todo desmantelado, desaparecido de acción directa. Durante este periodo hasta su nuevo resurgimiento tuvo enfrentamientos con el estado, pero fue en los primeros años de la década de los 90 del pasado siglo cuando resurgió de manera clara y directa. Ideológicamente no eran exactamente los mismos, ya que en principio se autoproclamaban marxistas leninistas, y sin abandonar esta ideología se centraron en el problema capital mexicano: los pueblos indígenas.

También en este momento presentan una imagen de cara a la sociedad internacional, una imagen enigmática con pasamontañas negro y un portavoz autodenominado Subcomandante Marcos. Dada la proyección internacional del grupo el gobierno de México hace una fuerte represión militar y de esta manera aparece de Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General (CCRI-CG) del EZLN. Este comité estaba formado fundamentalmente por población indígena, con 23 comandantes, conocidos por sus nombres de guerra, y, entre ellos, la Comandanta Ramona.

El gran trabajo de ella fue la lucha en la igualdad de las mujeres indígenas, carentes de los medios económicos, educativos y sanitarios más básicos.  De esta manera, y antes de saltar al conocimiento y reconocimiento internacional, ya había unos grupos de trabajo para mejora la situación de la mujer indígena.  Así, antes del levantamiento del EZLN, la Comandanta Ramona y otras compañeras indígenas como ella, realizaron consultas de las cuales surgió La Ley Revolucionaria de Mujeres, que fue aprobada por las comunidades un 8 de marzo de 1993, y publicada conjuntamente con otro texto fundamental desarrollado unos meses antes, la Declaración de la Selva Lacandona.

La Declaración de la Selva Lacandona plantea seis puntos básicos: vencer al ejército federal, respetar la vida de los prisioneros y entregar a los heridos a la Cruz Roja Internacional, iniciar juicios sumarísimos contra los soldados y los políticos del país, aglutinar nuevas filas con los que deseen sumarse al grupo en lucha, pedir la rendición incondicional de los cuarteles enemigos y suspender el saqueo de las riquezas naturales.

Pero, sin lugar a dudas, el texto más importante fue La Ley Revolucionaria de Mujeres, dicha ley establece lo siguiente:

Primera. – Las mujeres, sin importar su raza, credo o filiación política tienen derecho a participar en la lucha revolucionaria en el lugar y grado que su voluntad y capacidad determinen.

Segunda. – Las mujeres tienen derecho a trabajar y recibir un salario justo.

Tercera. – Las mujeres tienen derecho a decidir el número de hijos que pueden tener y cuidar.

Cuarta. – Las mujeres tienen derecho a participar en asuntos de la comunidad y tener cargo si son elegidas libre y democráticamente.

Quinta. – Las mujeres y sus hijos tienen derecho a atención primaria en su salud y alimentación.

Sexta. – Las mujeres tienen derecho a la educación.

Séptima. – Las mujeres tienen derecho a elegir su pareja y a no ser obligadas por la fuerza a contraer matrimonio.

Octava. – Ninguna mujer podrá ser golpeada o maltratada físicamente ni por familiares ni por extraños. Los delitos de intento de violación serán castigados severamente.

Novena. – Las mujeres podrán ocupar cargos de dirección en la organización y tener grados militares en las fuerzas armadas revolucionarias.

Décima. – Las mujeres tendrán todos los derechos y obligaciones que señalan las leyes y los reglamentos revolucionarios.

“No estamos reunidos aquí hoy para cambiar el mundo … estamos aquí con más propuesta modesta … que propone crear un mundo nuevo “.

Esta ley supone toda una declaración y reivindicación de la situación de la mujer indígena en México.

A partir de este momento Ramona va adquiriendo cada vez más protagonismo en la política del grupo.  De esta manera se convierte en una de las dirigentes, junto con el Subcomandante Marcos, de la Toma de San Cristóbal de las Casas, que era la antigua capital de Chiapas, en el 1 de enero 1994.

El levantamiento del EZLN el 1 de enero de 1994 sorprendió a México y al mundo entero. Nadie esperaba que los campesinos pobres se pudieran organizar, y mucho menos estando aislados y siendo analfabetos.

En febrero de 1994, la Comandanta Ramona forma parte de la delegación de las Jornadas por la Paz y la Reconciliación, en este momento el movimiento revolucionario da un gran avance para pasar de movimiento armado a movimiento político, aceptando el diálogo como forma de acción.  En este momento el Subcomandante Marcos le entrega a Ramona la bandera para ser la garante de resguardar la esencia de la cultura (o culturas) del país.

Y así comienza el símbolo, ya que esta menuda mujer se convierte en el símbolo de la insurgencia y de las mujeres.  Es depositaria de la bandera mexicana, del bastón de mando, símbolo de la autoridad de las comunidades indígenas, que le entrega el Comandante Moisés, y de la flor roja, emblema del zapatismo.

Su proyección es imparable, participa en el Congreso Nacional Indígena En Zócalo de la Ciudad de México, y habla fuerte y claro frente a cien mil personas:

“Yo soy la comandanta Ramona del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Soy el primero de muchos pasos de los zapatistas al Distrito Federal y a todos los lugares de México. Esperamos que todos ustedes caminen junto a nosotros.”

Posteriormente participa en el Primer Congreso Nacional de Mujeres Indígenas en Oaxaca, en agosto de 1997.  A dicho congreso llegan mujeres de diferentes pueblos de México: amuzgas, chatinas, choles, cuicatecas, driquis, mam, mazahuas, mixes, mixtecas, nahuas, ñahñu, popolucas, purépechas, tlapanecas, tojolabales, totonacas, tzetzales, tzotziles, zapotecas y zoques.  En el congreso hablan y departen en sus lenguas maternas, lenguas perseguidas y casi desconocidas, aunque será el español la lengua vehicular.

En este Congreso Ramona ocupa el centro, ya que todas las mujeres desean estar cerca de ella para escucharla.

En marzo de 2001, Ramona, conjuntamente con la Mayor Insurgente Ana María y la Comandanta Ester, integran la Marcha por el Color de la Tierra.  Dicha Marcha supone recorrer más de 6 mil kilómetros, 37 días y 70 actos multitudinarios. Partieron de las montañas de Chiapas para llegar al zócalo de la ciudad México. Y estuvo integrada por 24 delegados del EZLN acompañados por representantes de diversos grupos étnicos: tzotziles, tzeltales, choles, tojolabales, zoques, chinantecos, mixes, zapotecos, mazatecos, wixarikas, yaquis, rarrámuris, seris.

Todo ello para culminar en el Congreso de la Unión para defender los Acuerdos de San Andrés (Los Acuerdos de San Andrés Larraínzar sobre “Derechos y Cultura Indígena” fueron firmados por el gobierno mexicano y el EZLN en febrero de 1996) en materia de defensa de los derechos y cultura indígena y buscar defender los acuerdos de la Comisión para la Concordia y Pacificación (COCOPA).

Pero mientras todo esto sucedía Ramona ya padecía una grave enfermedad, en 1996 se le diagnosticó cáncer renal, con fallo de los riñones, a pesar de la precariedad de su salud no abandonó su compromiso.

En octubre de 1996, a pesar del conflicto existente, se le permite viajar a la Ciudad de México para ser trasplantada de riñón, que le dona su hermano. Se recupera y sigue trabajando en favor de las mujeres indígenas.

Todas estas marchas y reuniones acabaron con la frágil salud de la Comandanta Ramona.

Su última aparición pública fue durante las reuniones preparatorias de La Otra Campaña (una iniciativa política independiente y partidaria de la participación popular, y cuyos impulsores eran el EZLN y el movimiento zapatista) en septiembre de 2005. 

A pesar de su trasplante hay vuelto el cáncer de riñón, en este momento de manera mucho más agresiva.

El 6 de enero de 2006, el Subcomandante Marcos anuncia el fallecimiento de la Comandanta Ramona: indígena, campesina, pobre, analfabeta, y, especialmente, mujer.

“Las mujeres llegaron a entender que es importante su participación para cambiar esta mala situación”. Comandanta Ramona.

https://radiozapatista.org/wp-content/uploads/2018/03/Desordenando-el-genero.pdf

https://irvineinfoshop.files.wordpress.com/2009/01/ramona.pdf

Marisa Escuer

Profesora de la UOC y Docente de Secundaria
@marisaescuer 

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