Nissan, desde dentro y hacia el futuro

En días en que los medios se llenan con las noticias que hablan del abandono de Nissan y de la lucha contra esta injusticia, como trabajador y miembro del comité de empresa, comparto unas breves reflexiones.

Hace un año y medio, habiendo constatado el descenso en la producción, pues estábamos en un 30% de nuestra capacidad productiva, y viendo que la empresa nos conducía en una dirección de la que iba a ser difícil salir, desde el comité de empresa elaboramos un dossier. Presentamos este documento ante las administraciones, transmitiéndoles nuestra preocupación por la falta de futuro y de proyecto industrial para nuestras plantas de Zona Franca, Montcada y Sant Andreu de la Barca. En él se detallaban las ayudas que había recibido la empresa y las promesas que nos habían hecho en los sucesivos acuerdos de convenio y que sistemáticamente habían sido incumplidas.

Necesitábamos que el dossier sirviera de aviso a las administraciones, pues intuíamos que Nissan podía decidir tomar alguna medida como las que ahora se han materializado.

Nuestra intención era buscar un plan industrial. En lugar de esto, nos encontramos con un convenio en el que se nos propuso que, a cambio de una inversión en la planta de pintura, había que prescindir de 600 personas. Fruto de la negociación de ese convenio no hubo despidos traumáticos, los 600 compañeros y compañeras dejaron la empresa en un plan de prejubilación.

La contrapartida de esa regulación de empleo fue el compromiso de dotar a la fábrica de Zona Franca de una planta de pintura que aunaba todos los avances en cuanto a eficiencia y sostenibilidad, suponía una inversión de 70 millones, y que abría la posibilidad de optar a producciones de nuevos vehículos, ya que el punto débil de la fábrica siempre fue la planta de pintura.

Transcurrido un año, los compromisos en cuanto a nuestro futuro industrial no se cumplían, por lo que organizamos movilizaciones masivas. En ese proceso, a finales de enero, el presidente de Nissan Europe, Gianluca de Ficchy, nos comunicó que “no éramos rentables” y que antes del verano se tomaría una decisión sobre el futuro de las plantas de producción de Nissan España.

Tras la paralización de la actividad productiva y la movilización a causa de las medidas de seguridad por la Covid-19, nos reincorporamos en una sola línea de producción, la que se ocupaba de finalizar el último pedido de la pick-up de Mercedes que estaba en fabricación, parando las producciones de los modelos de Nissan y de Renault sin fecha de retorno.

El estrecho margen para el anuncio que Nissan debía hacer antes del verano y que nos convertía en prescindibles,  y disminuía notablemente nuestra capacidad de negociación para lograr una solución digna. Por lo tanto, el comité en pleno decidió convocar una huelga indefinida para los cinco centros, centralizada la huelga en Montcada, por ser el inicio de la cadena productiva y sin cuya fabricación de chapa no son posibles el resto de procesos.

La planta de Zona Franca tuvo que parar la producción al cabo de sólo tres días y, siendo la causa real la falta de material, la empresa alegó que el motivo era la Covid-19.  Aduciendo causas de fuerza mayor, realmente estaban vulnerando de nuevo nuestro derecho a la huelga.

Simultáneamente, acudimos a cuatro instancias (Departament de Treball, Inspección de Trabajo, Juzgado de lo Social y Servicio Público de Empleo Estatal) para denunciar que la empresa quería vulnerar nuestro derecho a la huelga mientras pretendía cubrir los costes de la huelga con dinero público, lo que ocasionó que la empresa cambiase de planes y decidiera pagarnos como si se tratase de un paro técnico, el 100% del salario, mientras los compañeros de Montcada continuaban en huelga indefinida.

A partir de ahí los acontecimientos se precipitan: el día 28 de mayo se nos anuncia que han decidido cerrar los centros. Ante el anuncio, decidimos seguir, porque nuestra planta es totalmente viable, siempre ha sido rentable y sólo ha dejado de serlo cuando se le ha dejado de destinar producción.

Si con sólo un 40% de la producción estaban obteniendo 300 millones de beneficios, imaginemos qué ganancias se obtendrían a plena producción. No hay que perder de vista que en la dirección europea de Nissan rigen las decisiones de la otra gran planta en Europa, la de Sunderland (Reino Unido), amenazada por los efectos del Brexit, y desde donde se hizo presión hacia la dirección central.

Creemos que a esta decisión de cierre se le puede dar la vuelta antes de que hagan el anuncio al accionariado, y en ello estamos. Por eso seguimos planteando que no queremos hablar de indemnizaciones, sino de mantener el empleo y del tejido industrial de Cataluña.

Es importante pensar que no solamente estamos hablando de los 3000 puestos de trabajo directos, que aun con este porcentaje bajo de producción, se sostienen 25000 empleos indirectos. No sólo vemos los puestos actuales sino cuál sería el número de empleos si consiguiésemos situar la producción en el 100%. No sólo es el trabajo que se pierde actualmente, también el que desaparece para siempre.

La Unión Europea no debería permitir que las multinacionales abandonen su territorio para trasladar la producción al Reino Unido, fuera de la zona UE y con la posibilidad de exenciones fiscales o subvenciones que acaben creando una competencia desleal.

Por último, sobre la posibilidad de ver la solución en la nacionalización, este comité de empresa no contempla tales planes e insiste en remarcar todo lo que Nissan debe a esta sociedad, a las infraestructuras de las que se les ha dotado, a lo mucho que el tejido empresarial de este país ha hecho por ella. Por tanto, no permitiremos que a esta multinacional se le tienda una alfombra roja para sus planes.

Si permitimos este abandono, podría ser la primera ficha que cayese en un macabro dominó que no podemos anticipar dónde nos llevaría, por lo que sostenemos que Nissan ha adquirido una responsabilidad con esta sociedad y por ella debe responder.

Javier Adalid

Miembro del Comité de Empresa de Nissan

CCOO

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