Huella ecológica y de carbono: otra forma de medir las desigualdades sociales

Con frecuencia  vemos utilizadas las expresiones “huella ecológica” y “huella de carbono”  en debates relacionados con los problemas de nuestro planeta. En este artículo intentaré ir un poco más allá y reflexionar acerca de cómo conceptos propios de la teoría ecológica sirven para poner de manifiesto las profundas desigualdades sociales que existen en la humanidad, incluso de mejor manera que expresiones más clásicas como el PIB. Primero un par de definiciones para centrar el tema:

  • Huella ecológica: la superficie ecológicamente productiva que cada una de nosotros necesitaría en un año para producir todos los recursos que consumimos  y para absorber los impactos ambientales generados. Se expresa en hectáreas
  • Huella de carbono. La cantidad de gases de efecto invernadero que emitimos como consecuencia de todas nuestras actividades, especialmente en vivienda (calefacción, agua, etc), transporte, alimentación, consumo, etc.  Se expresa en toneladas de CO2 equivalente

Pueden parecer conceptos abstractos pero invito a la reflexión para darse cuenta que son extraordinariamente intuitivos. Se trata en definitiva cuánta parte de la Tierra necesitamos (huella ecológica) y cuánta cantidad de gases efectos invernadero (huella de carbono) emitimos  cada uno de nosotros en un año para vivir cómo lo hacemos.

La siguiente pregunta es: ¿hay Tierra para tanto?. Antes de responderla resumo en una tabla algunos datos de las huellas por habitante en distintos países: el de mayor desarrollo, los emergentes, un país de los más pobres y España para ver dónde nos situamos.  Los datos proceden de cálculos realizados por organizaciones internacionales de prestigio en este campo, como por ejemplo Global Footprint

ESTADO HUELLA ECOLÓGICA (Hectáreas per capita) HUELLA DE CARBONO (Toneladas CO2)
EUA 9,4 16,1
España 4,0 5,7
China 2,1 7,7
India 1,2 1,9
Haití 0,5 0,1

A partir de estos datos pueden extraerse una serie de conclusiones muy interesantes. La primera, no hay suficiente Tierra para lo que estamos haciendo. Con la huella ecológica de cada español, haría falta que España tuviera tres veces más de superficie (es decir 1.500.000 Km2) para disponer de todos los recursos necesarios, lo que evidentemente es imposible.  Además, los países emergentes (China e India) tienen unas huellas relativamente moderadas lo que significa que a medida que se incorporen al desarrollo, su impacto será cada vez más sostenible.

Finalmente, si comparamos el país de mayor desarrollo (EUA) y uno de muy pobre (Haití), vemos que un estadounidense consume 20 veces más de Tierra que un haitiano y que su impacto en gases de efecto invernadero, es al menos 160 veces superior. ¿Es esto justo? En absoluto: no sólo estamos consumiendo una Tierra que no existe y provocamos unos cambios en el clima insoportables, si no que lo hacemos con una gran desigualdad. ¿Tiene un norteamericano más derechos sobre la Tierra común que cualquier otro habitante?. Lo lógico es que no pero los datos de huella ecológica y de carbono demuestran todo lo contrario. A mi entender estos valores ponen de manifiesto las desigualdades sociales con más claridad que índices clásicos, como el PIB. Y se relacionan además en problemas fundamentales de la humanidad, como es el cambio climático.

Ante esta situación, ¿en qué deberíamos estar trabajando? En dos líneas muy claras: en primer lugar, reducir las huellas globales de modo que no consumamos más Tierra de la que disponemos ni emitamos más gases de efecto invernadero que los que el clima puede soportar. Y en segundo lugar, reducir las desigualdades de la huella entre países. No es lógico que un mayor desarrollo económico se asocie a una mayor destrucción de la Tierra y del clima. Hay que invertir el paradigma,  transformando consumo en conservación.

La desigualdades en las huellas ponen de manifiesto un nuevo colonialismo, más sutil que el de los siglos XIX y XX: al fin y al cabo, los recursos son finitos y los países más consumidores de huella irán a buscar lo que les falta a otros países subsidiarios

Pero entretenidos como estamos en cuestiones menores (como la identidad, las desaceleraciones económicas o las formaciones de gobierno) es muy poco probable que la gobernanza (local o global) se centre en lo que realmente importa. Y mientras tanto la Tierra se nos pierda entre las manos. Probablemente cuando esto suceda, otras generaciones nos acusen de haber provocado el caos.

Ferran Vallespinós Riera

Dr. en Ciències biològiques, Investigador Científic del CSIC

Alcalde de Tiana (1995-2007)

Cada Àtom és una petita reflexió política de Club Còrtum

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