¿Hablarán los políticos en campaña de obsolescencia programada?

Hubo un tiempo que la durabilidad de un producto era un elemento clave para definir su calidad. Ahora, en general, los bienes tienen un ciclo de vida más corto debido a tres razones principales: la moda, los avances tecnológicos y la obsolescencia programada, siendo ésta última la más perversa a mi entender. La moda determina, con una cierta tiranía, que prendas en perfecto estado no puedan usarse porque están fuera de los cánones que alguien ha dictado. Los avances tecnológicos (una mejor cámara, una mayor capacidad, más velocidad, etc) hace que cambiemos de móvil con mucha más frecuencia que la pura necesidad de sustitución. A veces pienso, malévolamente, que alguien administra las mejoras y no las introduce todas a la vez para fomentar precisamente el cambio frecuente de móvil. Sin demanda no hay mercado.

La obsolescencia programada consiste en limitar la vida útil de un producto de manera planificada, para lo que la empresa, en su diseño, introduce elementos para que tenga una durabilidad determinada lo que obliga a que se anticipe la compra de uno nuevo. Todos hemos sufrido los casos de bombillas que se funden tras pocas horas de uso, de cafeteras eléctricas que han dejado de funcionar, de baterías de teléfono que se agotan sin posibilidad de sustitución, de aspiradoras que no aspiran, de neveras que de repente no enfrían, de teclados de ordenador en el que caprichosamente determinadas letras no aparecen por más que se golpee, de impresoras que no imprimen, etc.

El producto deja de ser funcional a pesar de encontrarse aparentemente en buen estado. Y si tratamos de repararlo  descubrimos ocultos mecanismos que ayudan a la obsolescencia: la descatalogación, la falta de repuestos, las incompatibilidades, tiempo y coste, etc. Frecuentemente optamos por la sustitución en lugar de la reparación. Nos convertimos en consumistas sin voluntad de serlo.

¿Qué coste ambiental puede asignarse a la obsolescencia programada?. Muy elevado: en primer lugar supone un consumo innecesario de recursos no renovables. En algunos casos (como el coltán, imprescindible para la fabricación de componentes electrónicos) también con un coste humano ya que su explotación en el Congo está manchada de sangre. Pero estos aparatos inservibles se convierten en un residuo, los llamados RAEE (Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos). Según datos recientes (2017) en España se genera al año del orden de un millón de toneladas de chatarra electrónica, unos 20 Kg por persona, residuos no inocuos y que debe tratarse  adecuadamente.

Una buena gestión de los residuos va más allá de separar la orgánica y tirar el papel en el contenedor azul y los envases en el amarillo. No hay contenedores en la calle para acoger residuos electrónicos. En consecuencia, deben llevarse hasta un punto limpio o los ayuntamientos han de programar recogidas específicas. Los incívicos, que lamentablemente son un porcentaje significativo de la población, optan por abandonarlos en cualquier rincón, pasando el problema a otros. Parte de estos residuos son exportados al Tercer Mundo para que mano de obra esclava aproveche el valor de determinados componentes. En todo caso, recoger y tratar la chatarra electrónica tiene un elevado coste económico, al que se añade el ambiental y el humano en algunos casos. La obsolescencia programada por el fabricante es un factor importante  en la problemática que generan los RAEE.

La obsolescencia programada, además de inmoral, ¿es también ilegal?. La Unión Europea ha dado tímidos pasos para regular el tema. En Francia se persigue penalmente la obsolescencia programada En España, en marzo de 2017, la Comisión para el Estudio del Cambio Climático del Congreso de los Diputados aprobó por unanimidad una proposición no de leyque instaba al Gobierno a poner en marcha acciones contra la obsolescencia programada.

En el fragor de la campaña electoral que está en marcha pienso que se hablará muy poco de la obsolescencia programada (de aparatos, no del Parlamento… que también) y quizás ni siquiera figure en los programas de algunos partidos. La mayoría de problemas ambientales tienen difícil acogida en la preocupación real de algunos políticos, más allá de hablar de “emergencias climáticas” sin que sepan muy bien de qué va el asunto.

Pues bien, la obsolescencia programa sin que tampoco lo sepan es también uno de los factores desencadenantes de su reciente aprendida “emergencia climática”. A ver si por ahí entran en el tema algunos políticos. Un consumo excesivo de recursos no renovables, una demanda extraordinaria de energía para la fabricación de bienes superfluos y una producción de residuos de difícil gestión contribuyen significativamente a la huella ecológica y energética, a lo que llaman “cambio climático”. A causa de la obsolescencia programada los consumidores nos convertimos en juguetes del mercado, estamos sin protección jurídica eficaz y se nos imponen comportamientos que nos alejan de la economía circular que debiera ser nuestro objetivo como sociedad.

El próximo día hablaremos de la economía circular….

Ferran Vallespinós Riera

Dr. en Ciències biològiques, Investigador Científic del CSIC

Alcalde de Tiana (1995-2007)

Cada Àtom és una petita reflexió política de Club Còrtum

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