Focas en el ártico

Me siento en el ordenador y pienso en escribir algo sobre el inminente cierre de la multinacional Nissan. Me documento. El problema lleva años a punto de explotar. Leo comentarios de todo tipo, veo las causas, los errores, las oportunidades desperdiciadas. Escucho al entonces President Montilla en 2013 diciéndole a Évole, en un Salvados, con total sinceridad que la política a veces tiene limitaciones para ayudar a la gente. Veo al sr. Uchida, CEO de Nissan, licenciado en teología, con mueca torcida. Me genera nula empatía, pero hago un esfuerzo por escucharle. En 2019 anuncia que el beneficio de la fábrica se ha reducido un 94%. Un 94 de 100 es mucho, no hay que ser muy lista para entender el mensaje: esto no funciona, nos vamos. Entre tanto, de esos años a esta parte, huelga decir que queja tras queja la multinacional fue recibiendo las ayudas públicas necesarias, incluida la última al acogerse al ERTE en el Estado de Alarma.

Al mismo tiempo encuentro mensajes de todo tipo de los brigadistas de la opinión -esas personas con un medio de difusión a mano, twitter, facebook… que necesitan decir algo de todo-. Hablan no sobre la empresa ni la situación, sino sobre los y las trabajadoras que acuden a Nissan a manifestarse por sus derechos y por su futuro, van desde el incoherente y dado a las artes adivinatorias “pues ahora os coméis lo que habéis votado” (dando por hecho que todos han votado a tu opción contraria), hasta el supremacista que no se da cuenta que lo es “les ha entrevistado TV3 y nadie hablaba catalán, que se vayan a su país”. Luego están los que, humildemente, intentan aportar algo. Desde un cambio en el modelo productivo a una solución política a la altura.

Leo, escucho y analizo todo esto pero cuando me siento a escribir solo pienso en una cosa: nos falta empatía. Solo bastaría con que fuese 1 pero hay 3000 personas que dependen directamente de la fábrica de Nissan en Zona Franca, el alcance de la descentralización del fabricante nipón a China, Japón o Norteamérica supondrá la afectación (entre trabajo directo e indirecto) de unas 30.000 familias. Esas personas que se sientan a escribir sobre el idioma, la ideología o la identidad del trabajador o trabajadora al hablar; esas que valoran la oportunidad económica, lo que se podría haber hecho y no se hizo, o lo que alguien debería hacer… esas… ¿se sitúan por un momento en la piel de una persona a punto de perder su modo de vida, su sustento y con pocas perspectivas de encontrar una solución a corto plazo?

Nos pasa mucho. Ahora todos somos muy fans del personal sanitario, pero la marea verde lleva años manifestándose en la calle con poco menos repercusión que la de ellos y ellas mismas. Hace diez años cuando la derecha recortó la sanidad, Ia educación y la inversión pública en I+D no solo no sufrió en exceso sino que siguieron ganando elecciones. Cuando se recortó desde Estado y Generalitat las pagas extras a funcionarios, muchos escuchamos: bastante bien cobran y bastante poco trabajan. Ahora parece que este tema sí va con nosotros.

Como no soy negro y no vivo en Estados Unidos, miro desde lejos el brutal asesinato de George Floyd como si aquí eso jamás fuese a suceder. Como no soy china, ni vivo en Wuhan, cuando llegaron las primeras noticias del Covid19 no tuve ningún tipo de miedo y minimicé la importancia y el Impacto que el virus podría tener en mi país.

Hace unos años, mi amigo Rubén mantuvo una acalorada discusión con una chica que defendía su voto al PP. Según ella, votaría a los de derechas por su política de ayudas a la compra de viviendas, contraria a la del PSOE que quería evitar que desgravara en la Renta. Mi amigo le preguntó: pero.. y ¿Qué opinas de su falta de inversión en educación, de su interés por promover la sanidad privada ante la pública? Ella le contestó: yo ya he hecho mi carrera, no tengo hijos y no estoy enferma, pero sí me quiero comprar un piso. A lo que Rubén le espetó: y yo no tengo focas en el ártico pero me importa que las maten.

El paralelismo se me quedó grabado. A veces vemos los problemas de los demás como si fuesen eso, focas en el ártico, sabemos que están ahí, nos parecen hasta bonitas, pero ni nos importan ni movemos un dedo para evitar su extinción. Parece que los problemas si no son nuestros no van con nosotros.

Vuelvo a repetirlo por si aún no ha calado lo suficiente: hay 30 mil familias que no saben cuál va a ser su día de mañana. Quizás no es la tuya, pero debe ser la del familiar o el amigo de algún conocido tuyo, la de tu amigo, y quizás el día de mañana esa familia puede ser la tuya. El problema de raíz es el modelo económico y productivo de este país, en un mundo donde la globalización es una patraña y los estados se inclinan ante los poderes económicos. No podemos consentir el desamparo ni la desprotección de 30 mil familias basados en datos de productividad y solvencia económica. Sí va con nosotros, sí nos afecta a nosotras. Hay que exigir soluciones desde todos los ámbitos, lugares y plataformas donde podamos hacerlo. Hay que generar el suficiente ruido para que nadie se sienta al margen de este problema y pronunciar el sentimiento de colectividad en todos y cadauna de nosotras. El cierre de la Nissan nos habla de un mundo cambiante que necesita una nueva vuelta de tuerca, eso es responsabilidad de todos; el cierre de Nissan nos habla de una sociedad que ha de luchar unida contra la vulnerabilidad de muchos frente al poder de unos pocos; eso es responsabilidad de todas. El cierre de Nissan es tu problema, no son focas en el ártico. Y ni que lo fueran.


Irene Jezabel Sánchez

Periodista i escriptora
@unigluenmarte
@ijezabel
http://www.jezabel.es/

Cada Àtom és una petita reflexió política de Club Còrtum

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3 respostes a «Focas en el ártico»

  1. Muy equilibrado tu comentario Irene.
    Fundamental cuando dices: “El cierre de la Nissan nos habla de un mundo cambiante que necesita una nueva vuelta de tuerca, eso es responsabilidad de todos; el cierre de Nissan nos habla de una sociedad que ha de luchar unida contra la vulnerabilidad de muchos frente al poder de unos pocos; eso es responsabilidad de todas.”
    Hoy día ya no tiene sentido protestar cuando las decisiones están tomadas. Lo que necesitamos, es anticiparnos y luchar por una sociedad eficiente, proactiva (concepto que muchos han olvidado) y sobre todo que contemple que cualquier decisión sea para favorecer a unos u otros, tiene efectos colaterales e indirectos que dependen y afectan a todos sin exclusión.
    Ciertamente, estamos en un mundo endiablado en el que acordarse de Santa Bárbara cuando truena, no lleva a ningún sitio.
    Gracias por los matices que aportas, Temi

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