El rey desnudo

Democracia, Constitución, voto, pacto, estado del bienestar, cohesión social, políticas de Estado… Seguro que cada día utilizáis alguno de esos términos en vuestras conversaciones diarias, que estos conceptos conforman vuestros máximos intereses y preocupaciones ¿Verdad?

Pues paradojas de la vida, si analizáramos los discursos de los actuales líderes políticos estoy segura de que serían los que más grandes saldrían en una nube de tags.

¿Por qué pasa eso?¿Por qué hay esa distancia verbal entre políticos y ciudadanos y ciudadanas? ¿De verdad, tanto cuesta llevar el discurso, y el debate, político a la realidad de la calle? Podríamos pensar que el problema sea no el lenguaje, sino el discurso en si. Y en algunos casos así es, pero no en todos. Y esos otros son los que más me sorprenden. Políticos y políticas hablando de problemas sociales utilizando términos, y argumentos, como los relatados al inicio: las políticas feministas son cuestión de democracia, hay que redistribuir la riqueza para fomentar el estado de bienestar, tenemos que trabajar para la cohesión social, el respeto a las lenguas minoritarias está en la Constitución… Frases que así escritas salta a la vista lo extrañas que nos resultan. Hace tiempo que pienso que cada vez que usamos, o mejor, abusamos, de uno de esos vocablos, perdemos un votante.

Cuan diferente sería defender las políticas feministas simplemente porque las mujeres aun estamos discriminadas, trabajar para que todo el mundo pueda llegar a final de mes y vivir sin sufrir (en lugar de redistribuir la riqueza para fomentar el estado de bienestar), fomentar la buena vecindad, el buen entendimiento y la riqueza que aportan todas las personas que viven en España, etc., etc., etc.

Y vuelvo a preguntarme ¿por qué pasa eso? No tengo una teoría clara, pero a veces pienso que el lenguaje político ha entrado en un bucle endogámico que todos y todas hemos comprado, hasta el punto que si en un discurso, artículo o declaración no colocamos alguna de esas palabrejas, parece que andamos desnudos por la calle, como el rey aquél. Nada más lejos de la realidad, pienso yo.

Creo que hasta que no entendamos que el lenguaje también es política, no conectaremos de verdad con quienes queremos representar. Quizás se identificarán con nuestras ideas, pero no les removeremos el corazón, ni les erizaremos la piel, ni nos sentirán en el estómago. El lenguaje es política, y si la política que hacemos es para la gente, el lenguaje tiene que ser el suyo.

Iolanda Pàmies Rimbau
Periodista i escriptora
@iolandapamies

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