El éxito del hombre (y de la mujer, claro) como civilización

Estimados lectores, ¿os habéis planteado alguna vez qué diferencia, en el marco de la evolución, al hombre (y a la mujer, claro) del resto de especies animales?. No es ni la postura erecta, ni un cerebro desarrollado (otros animales tienen una masa encefálica mayor en relación al peso corporal), ni la capacidad de comunicación ni tampoco la habilidad para fabricar herramientas (algunos gorilas se ayudan de palos y otros elementos). La diferencia reside exclusivamente en la capacidad del hombre para utilizar energía externa (energía exógena) más allá de la energía que produce a través de su metabolismo (energía endógena).

¿De dónde ha obtenido el hombre esta energía externa?. En un breve repaso histórico, primero fue el descubrimiento del fuego, después la capacidad de aprovechar la energía de otros animales,  más adelante la máquina de vapor y finalmente el motor de combustión a base del uso de combustibles fósiles, baratos y supuestamente inagotables. También hay que incluir en el listado a la energía nuclear y  las renovables (una curiosidad: los líquenes son una asociación entre un hongo y un alga. ¿Utilizarán los hongos a las algas como placas fotovoltaicas?. Lo dejo aquí…)

Hagamos un pequeño balance. Nuestra energía endógena (la que fabricamos con el metabolismo y necesitamos para movernos, respirar, trabajar, amar, etc) es de unos 100 watios, apenas una bombilla de incandescencia. En cambio la energía externa que utilizamos diariamente (en calefacción, ir con el coche u otros medios de transporte, subir en ascensores o escaleras mecánicas, electrodomésticos, cocinar, utilizar todo tipo de máquinas, construir edificios y carreteras, potabilizar y sanear aguas residuales, divertirnos, etc) es de varios miles de watios, una cantidad variable según nuestra compromiso personal con la sostenibilidad. Es decir, elementos de baja energía interna son capaces de utilizar grandes cantidades de energía externa. Sólo el hombre lo ha logrado.

Éste ha sido precisamente el éxito de la civilización: la capacidad del hombre para la utilización de fuentes externas de energía, de actuar con una potencia que supera con mucho la personal.  Este descubrimiento no ha estado exento de problemas: ha fomentado la desigualdad social (un ciudadano de Haití consume 39 Kw/h, uno de España 5356, uno de EUA 12.994 y uno de Qatar, 14782; es decir, la pobreza se asocia a un bajo consumo energético y la opulencia, a un derroche), se han producido guerras modernas cuya capacidad de destrucción ha estado ligada al uso intensivo de energía (Hiroshima y Nagasaki, pero también Dresde) y finalmente la energía nos ha permitido ocupar toda la Tierra con una huella ecológica insoportable.

A estos problemas se añade el más importante, la alteración del clima. El uso masivo de combustibles fósiles ha liberado en pocos años ingentes cantidades de carbono que durante millones de años habían estado secuestradas en el subsuelo, en un auténtico sumidero. Se ha incrementado significativamente las concentraciones de CO2 en la atmósfera (casi se han duplicado después de 40 millones de años de estabilidad) y la comunidad científica reconoce en el aumento del anhídrido carbónico en la atmósfera como la cusa principal del calentamiento global de la Tierra, con los efecto que todos conocemos.

Una pregunta final para la reflexión: la capacidad de uso de la energía, base de la civilización tal como la conocemos en la Tierra, ¿será también la causa de su destrucción? ¿Estamos incubando el huevo de la serpiente? Seguiremos…

Ferran Vallespinós Riera

Dr. en Ciències biològiques, Investigador Científic del CSIC

Alcalde de Tiana (1995-2007)

Cada Àtom és una petita reflexió política de Club Còrtum

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