Contra la ablación

La Mutilación Genital Femenina está reconocida internacionalmente como una violación de los derechos humanos de las mujeres y las niñas. Refleja una desigualdad entre los sexos muy arraigada y constituye una forma extrema de discriminación de la mujer. Se practica casi siempre en menores por lo que también supone un ataque a los derechos de la infancia. Asimismo, viola los derechos a la salud, la seguridad y la integridad física, el derecho a no ser sometido a torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes, y el derecho a la vida en los casos en que el procedimiento acaba produciendo la muerte.

La Organización Mundial de la Salud estima que entre 100 y 140 millones de niñas y mujeres de todo el mundo han sido sometidas a la ablación. Las estimaciones basadas en los datos más recientes sobre prevalencia indican que 91,5 millones de mujeres y niñas mayores de 9 años en África padecen actualmente las consecuencias de la mutilación genital femenina. Se estima que en este continente tres millones de niñas corren el riesgo de ser sometidas a la mutilación genital femenina cada año. Pero no se produce solo en África. Las niñas de algunos países de Oriente Medio y Asia también son víctimas, y se tiene noticia de algunas formas de mutilación genital femenina en otros países, en particular entre determinados grupos étnicos de América Central y del Sur. La creciente migración ha incrementado el número de mujeres y niñas que viven fuera de su país de origen y que han sido sometidas a la mutilación genital femenina.

Para tener una idea de su extensión, basta saber que en países como Egipto, Eritrea, Guinea, Somalia 0 Sudan más del 90% de las mujeres han sido sometidas a esta práctica.

Para intentar erradicarla, el 6 de febrero se celebra el Día Mundial Contra la Mutilación Genital Femenina. Se trata de algo tan simple como de hablar sobre una agresión que queda en la más profunda intimidad, que ocurre en privado y cuyos efectos no son visibles externamente. Algunos académicos apuntan que su origen hay que relacionarlo con el control de los deseos y las conductas sexuales de las mujeres antes y durante el matrimonio, lo que aumenta la certeza de los hombres sobre su paternidad.

El precio de esta falsa seguridad la pagan las mujeres en forma de cistitits, infecciones frecuentes de orina, quistes, piedras en la vejiga, incontinencia urinaria, menstruaciones dolorosas.

Además la ablación puede dejar estéril a la mujer y aquellas que alumbran son más propensas a sufrir complicaciones en el parto, lo que significa a menudo la muerte del bebé o de la madre.

Es posible que se necesiten intervenciones quirúrgicas para corregir los daños sufridos, lo que supone un riesgo para la vida de la mujer a corto y largo plazo. Afecta la calidad de vida sexual de las mujeres al provocar coitos dolorosos y aumenta la posibilidad de contagio del VIH, lo que explica en parte la extensión del SIDA en África.

Todo esto es lo que se recuerda el 6 de febrero, y es lo que da sentido a actos como el que acogerá el próximo miércoles el Casal Calabria 66, donde diversas asociaciones de mujeres Africanas celebrarán una jornada para reclamar algo tan simple como que se pare la ablación para garantizar su derecho a la salud.




Jaume Moreno
Periodista
@emetent

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