Cantos de sirena

Nuestro espíritu inmediato, carente de espíritu, debiera estar sufriendo más que nunca el camino de la desesperación. Alejados de la verdad, desde la postmodernidad y el postestructuralismo, nos hayamos inmersos en un mar de desinformación, en la era digital de la información y la sociedad en red, en la modernidad líquida. Ahora bien, entre tanta marejada; ¿Dónde se encuentra nuestro Faro de Alejandría? Necesitamos luz ante tanto mito. Necesitamos que la esencia de lo que fue la Ilustración predomine sobre la viciada razón instrumental. Necesitamos que el escepticismo se enfrente a la apariencia. Necesitamos el para sí; la autoconciencia. Como en su tiempo replantearían M. Horkheimer y T. Adorno, siguiendo el concepto de crítica inmanente de F. Hegel en la Fenomenología del Espíritu, necesitamos una dialéctica acorde a las necesidades específicas de nuestro tiempo.

Un tiempo donde la infodemia, con el beneplácito de la industria cultural, extiende antiguos y modernos mitos. Un tiempo donde el individuo que no muere de hambre, muere de infoxicación. La distorsión a la que nos enfrentamos se vuelve abrumadora pues, como si de la tormenta perfecta se tratase, el impulso de repetición caza la escota de vela mayor -la patología social de S.  Freud- que nos empuja con fuerza hacia la violencia mítica, la dominación, el concepto de progreso de Walter Benjamin, el espigón, el Angelus Novus de Paul Klee.

Por ello, como la dialéctica guía a la experiencia de la conciencia en el camino hacia la totalidad, la capitana de nuestro barco nos guiará hacia nuestra propia Alejandría, la nueva eudaimonía. No podemos voltear la mirada, no podemos volver al mundo premítico; la violencia objetiva ya no es una opción. Tenemos que hacer frente a la pérdida de visión de la relacionalidad de la totalidad. Tenemos que hacer frente al fetichismo de la mercancía. Tenemos que hacer frente a la reificación del individuo de G. Lukács,. La alienación golpea proa mientras la corriente nos arrastra.

Rememos juntos, desenmascaremos las ilusiones armónicas del neoliberalismo y sus contradicciones internas. Desenmascaremos el mismo carácter abstracto de su concepto de libertad. Revisemos la correspondencia entre la realidad y el ideal. Revisemos el sello que estamparon a todas las formas de acción y reacción humana. En definitiva, reflexionemos en torno a la génesis de los estados de las cosas determinadas.

Sóstrato de Cnido construyó su propia luz. ¿Nuestras mejores credenciales para dar una respuesta a la racionalización del mundo? En la práctica, tal como escribe A. Honneth; la recuperación de las Instituciones Sociales. El reencantamiento de la razón desde el modo propio de relación humana que se ejercita en estos espacios, es posible. Si Marduk, dios de la luz y el orden, venció a Tiamat;

¿Por qué nuestra capitana iba a caer a merced de los cantos de sirena?

Javier García Losada

Historiador, Docente e Investigador en Educación

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