Betty Friedan

“El problema que no tiene nombre

Hay un problema, ese es “el problema que no tiene nombre”.  Cuando Betty Friedan el año 1964 ganó el premio Pulitzer con su obra “La mística de la feminidad”, el tema clave, la cuestión clave del mismo, era esa cuestión que se vivía en “silencio y soledad”, en el libro, que hasta ha vendido más de tres millones de copias, la autora lo expone claramente:

“El problema permaneció durante muchos años en la mente de las mujeres norteamericanas. Era una inquietud extraña, una ansiedad que ya se sentía en los Estados Unidos a mediados del siglo actual. Todas las esposas luchaban contra ella. Cuando hacían las camas, iban a la compra, comían emparedados con sus hijos o los llevaban en coche al cine los días de asueto, incluso cuando descansaban por la noche al lado de sus maridos, se hacían, con temor, esta pregunta: ¿Esto es todo? (1974:35)”.

¿Pero quién es esta mujer, influida en su pensamiento por Simone de Beauvoir, y que logró llegar a la sociedad norteamericana dónde la francesa no lo había conseguido?.

Betty Friedan, cuyo nombre real era, Betty Naomi Goldstein (1921 – 2006), es hija de un matrimonio de inmigrantes judíos, su padre, Harry, de origen ruso tiene una joyería, y su madre Miriam, de origen húngaro, había trabajado en un diario local llevando temas de mujeres, trabajo al que renuncia al casarse.

Es una brillante alumna, y se gradúa en psicología, posteriormente consigue una beca par Berkeley, donde realiza estudios de postgrado con Erik Erikson. Renuncia a una segunda beca, ya que la pareja que tenía no lo considera oportuna.

Tras esta decisión se va a Nueva York donde trabaja en un servicio de noticias, y en 1947 se casa con Carl Friedan, director de teatro en ese momento y posteriormente ejecutivo publicitario.  En este momento se convierte en ama de casa, pero sigue colaborando con diferentes revistas.  Esta renuncia de su madre, estas renuncias de ella en su vida profesional, hace que se plantee la situación de la mujer y que en una entrevista declare: “Había una extraña discrepancia entre la realidad de nuestras vidas como mujeres y la imagen a la que intentábamos adaptarnos, la imagen que he llamado la mística femenina”.

El año 1963 publica el libro que marca un antes y un después en su vida: “La mística de la feminidad”.

Comienza una carrera imparable y se convierte cofundadora de NOW (Organización Nacional de Mujeres), organización feminista.

El año 1969 se divorcia, su matrimonio no es fácil, en su libro “Mi vida hasta ahora” explica que su marido la golpea cuando discuten, y en ocasiones tiene que disimular los moratones cuando va a una rueda de prensa.  Carl lo negará rotundamente dando una entrevista en la revista Time. Y posteriormente Betty se arrepentirá de haberlo escrito explicando en un programa televiso de gran audiencia (Good Morning America): “Casi desearía que no haber escrito sobre ello porque ha sido usado de manera sensacionalista y fuera de contexto. Mi marido no era un golpeador de mujeres y yo no era víctima pasiva de un golpeador de mujeres. Nos hemos peleado mucho y él era más grande que yo”.

Pero su actividad no para y así funda la Asociación Nacional para la derogación de las leyes de fue el año de su divorcio y de la fundación de la Asociación Nacional para la derogación de las leyes aborto (conocida como Naral Pro-Choice America).

Su presencia y relevancia social cada vez era mayor, y tras algunas diferencias abandona NOW en 1970 y se centra en nuevos proyectos.  Al año siguiente funda junto con unas compañeras (Gloria Steinem y Bella Abzug, entre otras) el National Women’s Political Caucus, cuyo objetivo fundamental era apoyar y favorecer la presencia femenina en la política norteamericana.

Pero por qué fue tan importante Betty Friedan y en especial el impacto de su libro “La mística de la feminidad”?.

Nos hemos de retrotraer a la presencia femenina en fuera del hogar y cómo se reincorpora al mundo laboral. Las guerras mundiales habían dado un papel predominante a la mujer fuera del hogar, ocupó, y bien ocupó los puestos de los hombres que fueron a luchar, en las fábricas, en los transportes, etc., pero cuando los hombres volvieron de la guerra ya no hubo lugar en este mundo para ellas, su utilidad social dejaba de existir y ya no eran ni necesarias ni relevantes.

Los estudios sobre la feminidad y en Europa el libro de Simone de Beauvoir, que no tuvo éxito en Estados Unidos, fue una Primera Ola, un momento de toma de conciencia de la situación de la mujer; en la década de los 70 surge una Segunda Ola, y el libro de Friedan contribuirá a ella.

Friedan comienza su investigación el año 1956, como resultado de la misma nos surgirá su libro (“La mística de la feminidad”), primero un cuestionario entre las compañeras de Smith College en relación a temas de su vida una vez terminada su educación superior; a ello hay que añadir otras encuestas entre universitarias, así como datos y estudios ya realizados. De qué se da cuenta con toda esta información recabada?.  Califica el problema de las mujeres blancas de clase media que bien en los suburbios como “la mística de la feminidad”, y con este término califica a la ideología de género que prevale en su país durante el periodo postbélico.

Pero por qué este término, a qué conclusiones llegó que hace lo designe así?.  Friedan creía que eran totas las limitaciones impuestas por la vida doméstica, en la esfera doméstica, sobre las mujeres en general, las que les provocaban un sentimiento de culpa ya que no se atrevían a hacer o sentir cualquier cosa que no estuviera relacionado con el hogar, los hijos o el marido.

El papel de ellas es claro: esposa, madre y ama de casa. Friedan lo presentó muy claramente: ellas estaban “orgullosas” de tener el suelo encerado, de hornear un papel, coser la ropa, poner lavadora, etc.  Pero cuál es el papel de los hombres en esta sociedad: su función es la de proveer a la familia y no tanto el ocuparse de las responsabilidades del hogar y de los hijos del matrimonio.  Las actividades domésticas eran consideradas fundamentalmente (y podíamos decir exclusivamente) femeninas, y con ellas la mujer quedaba completamente realizada, por eso muchas universitarias abandonaban sus estudios para casarse y “realizarse” como esposas, madres y amas de casa. Sin trabajo y sin los estudios acabados, su mundo fuera de casa era complicado, y por lo tanto ya no pueden realizarse como individuos.  Eran mujeres capaces que han dejado aparcado sus ambiciones personales por una idea social de que su puesto estaba en la casa, y por este abandono de lo externo eran admiradas y apreciadas: habían renunciado en aras a tener y cuidar una familia.

El mensaje de Friedan era que toda la estructura de la vida del ama de casa, basada en la ideología de la mística de la feminidad, era en realidad un mito: las mujeres vivían una mentira, las habían convencido que eran felices.  Pero la realidad era muy diferente, las mujeres de los suburbios eran infelices, se sentían frustradas (podían llegar a sufrir enfermedades reales o psicosomáticas) ya que estaban forzadas a vivir un tipo de vida, un modelo social impuesto.

Friedan pensaba que las mujeres internamente, esa voz interior que todos tenemos, les decía que podían conseguir algo más que un marido e hijos, que cuidar de una casa, y que ya no podían ser ignoradas.

Para Friedan “el problema que no tienen nombre” no radicaba en la educación, sino en los roles impuestos a las mujeres. Para ella el “problema que no tiene nombre” no se refería a la depresión y sus síntomas sino a las causas estructurales que lo generaban.

Había mujeres que ante esta situación acudían a psiquiatras y psicólogos, ante este malestar de origen desconocido, ellas sentían que tenían una vida infeliz y vacía.  Ante esta situación el Gobierno de americano intentó cambiar el devenir de los acontecimientos con el siguiente discurso: “Mujer, tienes una bonita casa, un hombre a tu lado, eres una buena ama del hogar y, además, ya no te tienes que agachar para fregar el suelo porque tienes maravillosos electrodomésticos que te proporciona tu marido”. Era una campaña atroz, demoledora, e. injusta. Se utilizaron todos los medios publicitarios posibles (vallas, revistas, programas de televisión y radio, etc.), pero el problema no se solucionó, más bien al contrario, muchas mujeres desarrollaron un sentimiento de culpa: lo tengo todo y soy infeliz, soy culpable.  Nadie puso nombre al problema, y aquello que no tiene nombre no existe, el malestar femenino tenía una causa, pero nadie la supo o quiso identificar.  Era sencillamente la desigualdad.

El patriarcado se encarga a través de todos los mecanismos que le proporciona la sociedad de masas de robustecer los roles desiguales de hombres y mujeres, y de menoscabar e infravalorar todo lo que tiene nombre de mujer.

Friedan continuó con su trabajo en favor de las mujeres y el feminismo, y así el año 1981 publica “La segunda fase”, un libro que no tubo el éxito del anterior, y que se edita durante el gobierno del conservador Ronald Reagan, en él remarca que las mujeres no consiguen la igualdad, a pesar de los cambios y de haber mejorado, ni en el ámbito público ni en el privado. Ahora ha aparecido la “supermujer”, y las mujeres que realizan la doble jornada (laboral y doméstica).

En 1993 publica “La fuente de la edad” libro en el que aborda la menopausia.

Pero la repercusión de su primer libro, los principios e ideas que proyecta convertirán a Betty Friedan en un personaje fundamental en la lucha de las mujeres por la igualdad.  No olvidemos sus palabras: “Cuando (la mujer) hacía las camas, la compra, ajustaba las fundas de los muebles, comía sándwiches de crema de cacahuete con sus hijos (…) y se acostaba junto a su marido por las noches, le daba miedo hacer, incluso hacerse a sí misma, la pregunta nunca pronunciada: ‘¿Es esto todo?”.

Cuando las mujeres se empiezan a responder a esta pregunta y ponen nombre a los problemas sus avances se producirán seguros, lentos pero seguros. Y por tanto como ella nos dice “una mujer debe poder decir, y sin sentirse culpable, ¿quién soy y qué quiero de la vida?”.

No olvidemos que el final no ha llegado, pero como se pregunta Betty Friedan “¿quién sabe lo que las mujeres podrán llegar a ser cuando, finalmente, sean libres de ellas mismas?”.

http://www.mindefensa.gob.ve/CIEG/wp-content/uploads/2018/08/LA-MISTICA-DE-LA-FEMINIDAD-BETTY-FRIEDAN.pdf

Marisa Escuer

Profesora de la UOC y Docente de Secundaria
@marisaescuer 

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