Del orgullo, la provocación, y otras formas del querer

Este viernes, como cada viernes, se celebra el Consejo de Ministros y Ministras. Y este viernes, por primera vez, se celebra en Cataluña.

Es, para mí, un guiño de cariño y apoyo a una comunidad y a una población cansada, que lleva tiempo, demasiado tiempo ya, angustiada por el denominado procés. Es un guiño de reconocimiento y apoyo, un no estáis solos ni solas, estamos ahí para apoyaros, para aliviar vuestro agotamiento y encontrar juntos una salida positiva y pacífica a esta situación.

Es también un guiño de posicionamiento social claro. Sí, porque por encima del ruido mediático del procés debería emerger como un nenúfar precioso en medio del estanque verdecino que en este Consejo de Ministros y Ministras, el Gobierno va a aprobar la mayor subida del salario mínimo interprofesional de los últimos cuarenta años, nada más ni nada menos que un 22%. Desde Cataluña, para toda España.

Es, para mí, motivo de orgullo que nuestro Gobierno se acuerde de que hay vida más allá de Madrid. ¡Ya era hora que algún Gobierno se acordara! Y no, no entiendo a quienes creen que hacer un Consejo de Ministros y Ministras en Barcelona sea una provocación. ¿Provocación de qué, a quién y para qué? Ya se hizo uno en Andalucía y el presidente del Gobierno ha manifestado que irán a todas las comunidades autónomas. Nos quejamos del centralismo, denunciamos que no se nos tiene en cuenta, y cuando se nos reconoce, mima y valora corremos a vomitar sandeces sobre ello. Una vez más, la paradoja del independentismo sin rumbo ni norte hace mella en una sociedad cansada y angustiada.

Sí, algunos hablan de provocación, pero incluso a la provocación se le puede dar la vuelta. Provocación también puede ser seducción, verdad? Pues provoquemos desde el cariño y la seducción. Porque quizás sea esta la carencia de la que más adolecen quienes atacan la visita del Gobierno a Cataluña. Amemos y seduzcamos. Que el resto de catalanes y catalanas también lo agradeceremos, porque estamos cansados, muy cansados ya. Y sí, puede que parezca ésta una aportación un tanto naïf, pero quizás no sea tan mala idea entre tanta tensión, proclamas pretendidamente grandilocuentes y estupideces varias; quizás un poco de distensión, amabilidad y seducción no nos vaya mal.

Felices fiestas y que con el 2019 nos llegue con un poco de calma si puede ser!

Iolanda Pàmies Rimbau
Periodista i escriptora
@iolandapamies

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